jueves, 27 de enero de 2011

New York, New York

Una vez acabado el semestre y con las navidades tocaba volver a España a pasar las fiestas, sin embargo como el viaje es muy largo decidí hacer parada en Nueva York unos días, tanto a la ida como a la vuelta. Y es que casi casi Nueva York está a mitad de camino entre Albuquerque y Madrid, son unas 6 horas hasta la ciudad americana y 7 horas hasta la capital española. He de decir que fue una muy buena ida, aligera el viaje una barbaridad y además tuve la oportunidad de visitar una gran ciudad.
Nueva York es una ciudad espectacular, tal vez no sea una ciudad monumental como Roma o París, pero tiene algo, los rascacielos, la quinta avenida... todos conocemos muchas cosas de la ciudad y cuando estás allí muchísimas cosas te resultan familiares, ya que las has visto en mil películas. A pesar de todo lo que estoy diciendo debo decir que pensaba que me iba a impresionar mucho más, aunque también es verdad que después de cuatro meses y pico en este país estas bastante americanizado y a estas alturas hay cosas que no te llaman la atención como los taxis o las señales de las calles.
La llegada no pudo ser mejor, aterricé en el aeropuerto de La Guardia y desde la propia pista se veía el Empire State Building, el edificio más alto y tal vez el más conocido. Yo estaba completamente excitado, era en plan estoy verdaderamente en Nueva York!!!, no como otras veces que llegas a una ciudad y parece que estás en una ciudad industrial y fea, así que ahí estaba mirando todo el rato por la ventanilla del avión, y vaya porque no tenía la cámara de fotos a mano que sino me pongo a sacar fotos en ese mismo momento. Una vez con las maletas, fui cogí un taxi y por fin pude decir eso de:”A la 27 con la 5a, por favor...”, vamos estaba en una nube, estuve todo el viaje sin perder detalle hasta que llegué a mi hotel. Desde la entrada se veía a un lado el Empire State y al otro el Flat Iron, ese estrecho que es tan famoso, por lo que fue llegar dejar las maletas y sin abrirlas bajarme a la calle a disfrutar de que estaba en Nueva York. Además como guinda del pastel eran vísperas de Navidad así que la ciudad estaba impresionante. Todos sabemos que los americanos son unos exagerados y la decoración navideña no es una excepción, nunca había visto unos escaparates tan chulos, con figuritas en movimiento que hablan, es que en muchos te cuentan historias, a mi sin lugar a dudas el que más me gustó fue el de Macy’s aunque había uno en Bloommindale’s con un trineo sobrevolando las casas que era espectacular, y no solo eso ha nada que tienen un hueco ponen un árbol o alguna figurita, si hasta al toro de Wall Street le cuelgan en el cuello una corona de Navidad.
arbol del Rockefeller
el toro de Wall Street de navidad
escaparate de Macys
Little Italy de navidad
hasta los bomberos adornan su coche
 Nada más empezar a callejear me llamó la atención lo pequeñas que son las manzanas, pasas de calle a calle verdaderamente rápido, ya había oído que Manhattan es pequeño pero si digo la verdad tampoco me lo había creído mucho.
la casa de Friends
Intenté aprovechar al máximo el viaje, comí en Pastis, pobré las míticas magdalenas de Magnolia Bakery, fui al verdadero Bar Coyote, estuve en la tiendas del Upper East Side, paseé por Central Park, hice window shopping por la Quinta Avenida o me saqué una foto con la pista de patinar y el árbol del Roqueffeler entre otras cosas en definitiva me lo pasé teta. 
el bar Coyote
mítico rodaje en Central Park
el Village
Tras cuatro días impresionantes tocaba volver al aeropuerto y por fin ver a la familia. Allí conocí a una simpática andaluza que estaba en la misma situación que yo, estudiante volviendo a casa sola por navidad, que se convirtió en mi compañera de viaje. Nos pegamos bastante rato hablando sobre lo distintos que somos españoles y americanos, como por ejemplo que los yankees son más civilizados para muchas cosas que nosotros, ella hizo un comentario que más tarde se confirmaría: “ahora ya el avión, considéralo España”, cuánta razón llevaba! Normalmente a la hora de embarcar, se hace por turnos y de forma civilizada, con preferencia los bussiness, los que van con  ninos o los que necesitan asistencia, tras ellos por orden descendiente del numero de las filas, así que todo el mundo está tranquilamente sentado hasta que su turno es avisado por megafonía, pero este vuelo era español. Media hora antes de embarcar ya se formó una cola, además llevábamos retraso de una hora, por lo que las azafatas nos animaron a sentarnos y esperar tranquilamente, pero allí no se movió nadie, vaya pa” rato alguien iba a ceder su puesto. La consecuencia de todo esto, se formó una cola impresionante que bloqueaba parte de la terminal dificultando a la gente de otros vuelos el paso... Claro aquí todo quisqui se conoce el percal, somos españoles todos llevamos mucho equipaje de mano y no nos va a caber a todos. Como guinda del pastel a todo esto, nadie respetó los turnos de entrada, había nerviosismo, la gente colándose, las azafatas gritando... vamos los españoles liándola parda en Nueva York.

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