lunes, 30 de agosto de 2010

Adiós con el corazón

Nunca pensé a los 10 días de estar aquí, en Albuquerque, tuviera que despedirme ya de una persona. Encima, el problema es que esta persona de la que me despido no es una cualquiera que he conocido aquí. Tengo que decir adiós a mi companera, a Patricia.
Era la que mejor me conoce aquí, la que tiene las mismas costrumbres, con la que podía hablar de casi todo y con la que cuando hablaba un tema no tenía que dar 1000 explicaciones para hacerme entender.
La verdad es que me sorprendió mucho cuando me dijo que se volvía, aunque en realidad había cosas que no me encajaban, pero claro ahora a toro pasado es muy fácil leer entre líneas.
Ha sido todo tan rápido que no he sabido muy bien cómo reaccionar, solo espero que ahora Patricia esté bien y que no se arrepienta la semana que viene o la siguiente de lo que ha hecho.
Su marcha, bajo mi punto de vista, ha sido por un bloqueo y una vez que te pasa esto es muy difícil arreglarlo. Se te mete en la cabeza que te quieres volver, que te quieres volver y, a no ser que seas la Trapote en la isla, no hay que te lo quite de ahí. Es como cuando vas corriendo por el campo y te enganchas el pantalón con una verja, para desengancharte de ella puedes hacer 2 cosas: seguir hacia adelante, con el riesgo de que se te rompa el pantalón, o volver hacia atrás. En este caso creo que el miedo a que se le rompiera el pantalón ha sido más fuerte que las ganas de continuar en la aventura americana.
Enfin, aprovecho para mandarte muchos saludos desde aquí, que ya sé que lo leerás y decirte que no soy el único que se acuerda de ti, durante el finde esta gente me ha preguntado por ti.
1 abrazo muy fuerte.

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